El estudio sobre lo medieval y lo celta se enfrenta con una enorme  complicación, aunando más a su popularizado desprecio: gran parte de su legado radica en la épica. Todo lo que no pueda ser tan creíble como la evidencia documentada, es casi en automático desechado por la disciplina histórica que no encuentra en el mito utilidad alguna. La división entre la historia y el mito se sustenta en el alegato de la objetividad. ¿Es esta premisa válida para anular la épica de cualquier aportación intelectual?


La objetividad no tiene que ver nada con la búsqueda del intelecto puro. Ésta es sólo una herramienta más para sacudir voluntades sobre una ideología específica, una negociación política impuesta y vestida con pieles de oveja. Cuando se trata de volver a contar algo sucedido, estamos inherentemente atados a expresarlo bajo nuestro punto de vista, dejando los más ínfimos detalles a merced de nuestro criterio y nuestro inconsciente. No podemos decir que la historia valga más que el mito, ambos son elementos fundamentales de la integridad de nuestra realidad.


Para muchos resulta bastante difícil comprenderse así mismos y al ambiente que les rodea como una totalidad; es más fácil quedarse en ver dos caras diferentes a entender que, a pesar de sus contrastes, son parte de la misma moneda. Tal dificultad fue combatida en la división polarizadora del mundo: a favor y en contra, luz y oscuridad, bueno y malvado, lo falso y lo verdadero. Este tipo de distinción maniquea ha sido una solución atractiva para los herederos del pensamiento griego (Markale, 1994, pág. 5). La reivindicación del mito y la totalidad no es únicamente el primer paso al estudio y entendimiento de la cultura celta, sino también un aporte céltico a la forma de ver y cambiar al mundo.


La Mitología y la Épica en cualquier caso siguen la ideología del momento que usualmente sirve de inmediato y práctico interés de la clase gobernante siempre presente, siendo menos una verdad ideal y más un reflejo de una realidad política concreta: unos mandan y otros obedecen, estando de por medio la ideología. Esta idea nos remite a un planteamiento fundamental de la Ciencia Política, donde Gaetano Mosca afirma que no puede haber organización humana sin jerarquía, y cualquier jerarquía exige necesariamente que algunos manden y otros obedezcan” (Mosca, 1998). Por ejemplo, Vercigentorix es la encarnación del rey que gobernó sobre aquél ‘otro’ mundo que los Celtas hallaban más real y subordinante que el suyo (Markale, 1994, pág. 7)



 


Para el análisis de los grupos de poder y las formas políticas, que es lo que nos ocupa, tanto la historia como la épica no deben ser examinadas por su verdad o su falsedad, sino por su reflejo e impacto en la organización humana del espacio y tiempo que tratan. La única diferencia entre la Historia, que transporta la realidad a través de eventos, y la Épica, que transporta la misma realidad a través de la leyenda y el mito, es una epistemológica: ‘la Historia es Épica presentada supuestamente de una manera objetiva, mientras que la Épica es Historia presentada de una forma subjetiva’ (Markale, 1994, pág. 8).


Para la cosmología y la concepción celtas del mundo, entender a la Épica y a la Historia como esas dos caras de un mismo escenario no suena tan descabellado. Al contrario, estas dos facetas de una sola realidad funcionan como una máxima en el quehacer político de gobernantes y gobernados en sociedad de raíces celtas (Markale, 1994, pág. 14). No fue fortuito el hecho de que las épicas medievales, completamente ‘paganas’ en esencia, florecieran en la cara de la Iglesia Católica bajo un maquillaje que la propia maquinaria propagandística de Roma usaría para difundir sus Cruzadas.



Es en este ambiente donde surgen las leyendas del Rey Arturo. Si existió o no aquel glorioso monarca es lo de menos, pues lo que nos importa es la realidad de su influencia. Nada mejor que un enfoque celta para entender la magnitud política de las tradiciones celtas.



This entry was posted on 1 Nov 2009 at 12:53 and is filed under , , , , . You can follow any responses to this entry through the .

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Έρβυν Φερνάντεθ Ασέβες

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