El feudalismo en las islas británicas no sólo fue el resultado de una imposición normanda, también fue la manifestación de una ingeniería institucional que genera particularidades, inclusive con la propia estructura del ducado continental. Desde el concepto de feudo hasta nociones como herencia, impartición de justicia y servicio militar tomaron matices distintos a los de sus predecesores en el continente.



El traslado de esa particular organización del continente a la isla fue, más que una importación francesa, una construcción normanda. Esto debido a que en Inglaterra “el feudalismo fue introducido bajo la fórmula francesa, pero sobre todo en la forma que había tomado en Normandía, es decir, uno de los raros principados territoriales en el que el duque consiguió instaurar un poder fuerte a partir de la segunda mitad del siglo XI.” (Ganshof, 1978: 108). Cabe mencionar que la segunda mitad de este siglo no se destaca únicamente por la conquista normanda en tierras británicas, sino además por la expansión de estos en el mediterráneo. 


El feudalismo cultivado en Normandía tuvo efectos radicales en el reino de Inglaterra con su imposición durante el reinado de Guillermo el Conquistador. Para Inglaterra, 'la Conquista normanda determino permanentemente la orientación de la política inglesa y la cultura inglesa.' (Haskins, 1966: 82). El resultado fue un nuevo régimen, el regnum Anglo-Normando. Para Haskins, ‘el Estado Anglo-Normando es uno de los fenómenos más interesantes que hay en la historia de las instituciones europeas. Ya fuera por la extensión y la cohesión de su territorio, la autoridad centralizada de sus mandatarios o por la precocidad y el vigor de su sistema administrativo, el regnum Anglo-Normando no encuentra nada que se le compare en la Europa de sus tiempos’ (Haskins, 1909: 453). La conquista normanda dio por resultado la imposición del sistema feudal desde arriba: Inglaterra fue ‘feudalizada’ por una pequeña clase gobernante” (Crossman, 1965: 56). La alianza de un rey normando con sus súbditos sajones hizo mucho para unificar a la nación. Thomas Hobbes, en su tratado de filosofía y teoría política del Leviatán, plasma esta misma idea declarando que ‘las relaciones de dominio del pueblo de Inglaterra derivan de Guillermo el Conquistador’ (Hobbes, 1980: 204). Los Normandos sembraron así la semilla de un nuevo orden en las Islas Británicas.  


En Inglaterra “feudum, que parece se empleó en su acepción técnica inmediatamente después de la Conquista, tomó rápidamente el sentido de tenencia libre y hereditaria. (Ganshof, 1978: 169). Este desarrollo de la herencia feudal habla mucho del caso inglés, donde esta “estuvo lejos de ser general inmediatamente después de la conquista normanda... En el siglo XII, la herencia debe considerarse como un rasgo característico del feudo inglés (Ganshof, 1978: 201). Esta evolución muy gradual no fue obstáculo que la consolidación de la herencia fuera fuerte y defendida, reglamentando la legitimidad de los procesos hereditarios. Inglaterra creó toda una institución al respecto, pues “era preciso reglamentar sobre la materia de la legitimidad entre los herederos que pretendían tener derecho a la sucesión... Las reglas en el caso inglés fueron formuladas explícitamente por el Gran Justicia del reino, Glandvill, durante la segunda mitad del siglo XII. ” (Ganshof, 1978, 207). . Las reglas fueron la tipificación de toda una seria de costumbres que exitosamente remplazaron la mera elección unilateral del señor. 



 
Otra diferencia fue el uso inglés del honor. Contrario a la práctica francesa del uso corriente del término honor como mero sinónimo de feodum, “En Inglaterra, inmediatamente después de la Conquista, pero sobre todo en los siglos XII y XIII, se dio a honor un sentido bastante específico: se trata de un complejo considerable de feudos, reunidos de forma permanente en una sola señoría, tenida por un alto barón, es decir, por un de los principales vasallos del rey” (Ganshof, 1978: 179). En otras palabras, jamás fue un sinónimo del feudo común y corriente.


Esta última mención implicó también un desarrollo distinto de la concepción de la justicia y su impartición. Inglaterra, después de la Conquista, presenta igualmente el tipo francés: los señores titulares de honores, y sin duda también los señores no tan dignos de consideración, tuvieron su curia, provista de sus vasallos y que conocía de los casos de orden feudal o de vasallaje, y sin duda incluso de casos de otra especia. Pero a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, la política de los Plantagenet consiguió llegar a extender considerablemente la competencia de la justicia real, en detrimento de las feudal courts, y reducir considerablemente su importancia. (Ganshof, 1978: 234). Durante la segunda mitad del siglo XII, durante el gobierno de Enrique II, la política real provocó una restricción del lugar reservado en el estado a las relaciones feudo-vasalláticas, y nuevas formas de utilización de esas relaciones al servicio de la monarquía administrativa: el desarrollo dado a la justicia real (Ganshof, 1978: 243). La justicia se convirtió en otro elemento más para la consolidación de la realeza frente a los señores locales.


A su vez, esto último puede ser observado en la forma que tomo el vasallaje ligio en Inglaterra, donde “desde le reinado de Enrique I todo compromiso de vasallaje debía reservar fidelidad al rey, la ligesse acabó por ser monopolizada por la realeza. (Ganshof, 1978: 159). Los vasallos ingleses asimilaban una suerte de contrato dual, donde el homenaje rendido al señor tenia que venir acompañado de otro explícito hacia la Corona. Esto quizá fue consecuencia del juramento obligado por Guillermo el Conquistador en Salisbury en 1086, donde en asamblea donde todos los vasallos prestaron homenaje y juraron fidelidad directa al rey.


En el feudalismo, el servicio militar podría ser sustituido por una contribución monetaria – el écuage-. Esta costumbre tuvo un gran desarrollo en el regnum insular, pues “los reyes autorizaron muy pronto la redención del servitium militare, al principio para los grados inferiores de la jerarquía; por motivos financieros los Plantagenet favorecieron sistemáticamente la sustitución del servicio militar por el écuage. (Ganshof, 1978: 140) Como consecuencia, “la Corona fue mucho más independiente de los vasallos al situarla en condiciones de mantener a un ejército mercenario” (Ganshof, 1978: 243). No hubo reacción proveniente de señores feudales en la isla que pudiera detener este proceso político. 
 
La compleja estructura de las relaciones feudo-vasalláticas normandas apuntaba hacia una concentración del poder del monarca muy distinta a la realidad de sus contemporáneos en Francia o Alemania, donde “el alodio fue totalmente eliminado; la totalidad de la tierra fue tenida directa o indirectamente del rey. Los soberanos ingleses consiguieron someter totalmente a su autoridad todo el complejo de las instituciones feudo-vasalláticas.” (Ganshof, 1978: 108). Además, y aunando en el tema Ganshof en su obra, “inmediatamente después de la Conquista, el rey es el único propietario del suelo, el único alodiario (Ganshof, 1978: 194). Para el resto de los señores, a excepción de los tenentes y funcionarios reales, el feudo nunca era tenido directamente por propietario de la tierra en alodio. “No existió ningún feudo, en el sentido francés de la palabra (fief de chevalier; vavassoire; sergenterie), que no dependiese directa o indirectamente del soberano. “ (Ganshof, 1978: 242). La centralización del poder del regnum normando era un hecho, y esta característica se encontraba totalmente ausente en los sistemas feudales del continente. 
 
La concentración del poder no sólo fue el resultado de una política de la propiedad de la tierra, también lo fue de una herencia cultural. Los normandos acarrearon un bagaje cultural sumamente rico. El primer rasgo que se debe mencionar es la forma especial Normanda de Laudes Regiae, ‘tradicionalmente reservada para la aclamación de un rey o de un emperador’ (Hollister, 1976: 205). Kantorowicz, en su obra Laudes Regiae, ilustra esto mismo cuando menciona que el propio reinado de Guillermo el Conquistador fue ‘una muestra de la posición curiosa de la soberanía que el duque de Normandía gozaba en su ducado’ (Hollister, 1976: 205). Esta posición queda muy bien complementada con pensamiento de Jacques Boussard cuando concluye, tomando en cuenta toda la evidencia previa a la conquista de Inglaterra, que ‘el duque normando ejercía un poder análogo al que le correspondería a un Rey’ (Hollister, 1976: 205).

Con todo lo anterior expuesto, el feudalismo inglés que vino con la conquista parece apuntar a la conformación de un régimen donde las instituciones feudo-vasalláticas jugaron, no un papel antinómico con la Corona, sino fueron un factor para el desarrollo del Estado administrativo.


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Έρβυν Φερνάντεθ Ασέβες

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